top of page

El Partido de Fondo: quién paga la fiesta del Mundial

Por Felipe González
Julio 2026

El 5 de julio de 2026, en el Estadio Ciudad de México, el mismo que en 1966 se levantó sobre el desalojo de Santa Úrsula Coapa, la Selección Mexicana cayó 3-2 ante Inglaterra en los octavos de final. Fue una eliminación con la cabeza en alto: goles de Julián Quiñones y Raúl Jiménez, un doblete de Jude Bellingham y un penal de Harry Kane que sentenciaron el partido. Ochenta mil 824 aficionados presenciaron el cierre de una participación que reconcilió a buena parte del país con su selección.

México no llegaba a cuartos de final desde 1986, hace cuarenta años, y esta vez tampoco lo logró.

Con el silbatazo final, el Mundial 2026 dejó de ser una promesa y se convirtió en un balance. Y todo balance necesita dos columnas: lo que se ganó y lo que costó.

 

El 11 de junio, día de la inauguración, México venció 2-0 a Sudáfrica en el partido de apertura. Las calles se llenaron. La euforia fue real, y también lo fue la respuesta de la presidenta Claudia Sheinbaum Pardo, quien celebró la victoria con una frase que resumiría el tono de su gobierno durante todo el torneo: "El que apuesta en contra de México siempre le va a ir mal. Le va a ir mal en la cancha, le va a ir mal en la política, le va a ir mal en la vida."

La frase no fue dirigida al rival deportivo. Fue dirigida a quienes protestaban esa misma noche, a unos metros del Estadio Ciudad de México: colectivos de madres buscadoras y maestros de la Coordinadora Nacional de Trabajadores de la Educación (CNTE), que exigían atención a las decenas de miles de personas desaparecidas en el país. La presidenta calificó esas movilizaciones como un intento de "mostrar otra imagen de México" y sostuvo que el verdadero rostro del país era "la alegría".

 

El patrón se repitió durante meses. Desde abril, dos meses antes del inicio del torneo, Sheinbaum ya adelantaba que "no va a haber ningún problema" y que las protestas "no se van a recrudecer". El mensaje oficial fue consistente de principio a fin: el espectáculo no se detiene, la crítica sí puede esperar.

Mientras el discurso oficial hablaba de orgullo nacional, los números contaban otra historia. La infografía "El precio de entrar al Mundial" construida con datos de CONASAMI, Reporte Índigo, Sopitas, Excélsior y SinEmbargo documenta algo que ninguna conferencia matutina mencionó: en 1970, un boleto para el Mundial costaba el equivalente a un día de salario mínimo. En 1986, poco más de tres días. En 2026, veintitrés días completos de trabajo.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

No es una cifra menor. Significa que, en términos reales, asistir a un partido del Mundial en México nunca ha sido tan inaccesible para un trabajador promedio como lo fue en 2026. El espectáculo creció; el bolsillo del ciudadano común, no. Este dato conecta directamente con lo que documentamos en nuestro reportaje anterior sobre el fenómeno del sport washing: el uso de un evento deportivo para desviar la atención de problemas estructurales que un gobierno prefiere no discutir. El término no lo inventamos nosotros ,lo perfeccionaron Rusia en 2018 y Qatar en 2022, ambos bajo investigación por el FIFA Gate, el escándalo de sobornos que el Departamento de Justicia de Estados Unidos destapó en 2015. Pero el caso mexicano de 2026 añadió una variable que merece registrarse aparte: el lavado no fue solo de narrativa política. También hubo un costo humano directo, ocurrido a plena luz del día, frente a millones de testigos.

El 30 de junio, tras el triunfo de México sobre Ecuador que aseguró su pase a los octavos de final, miles de personas se congregaron en el Ángel de la Independencia, sobre Paseo de la Reforma, para celebrar. La multitud desbordó los espacios habilitados. En las inmediaciones de la calle Lancaster, la aglomeración provocó un aplastamiento colectivo. Cuatro personas murieron. Tres de ellas por asfixia: dos mujeres, de 19 y 48 años, y un hombre de 44. Un cuarto hombre falleció días después a causa de las lesiones sufridas esa misma noche. La secretaria de Salud capitalina, Oliva Gasman Zylbermann, confirmó los decesos y detalló que las víctimas fueron atendidas por paramédicos en el lugar antes de ser trasladadas a hospitales, donde no sobrevivieron. La Gaceta Oficial de la Ciudad de México había fijado, con anticipación, rutas diferenciadas de ingreso y egreso, señalización y protocolos de evacuación para los festejos masivos. Pero testimonios recogidos tras la tragedia, y el análisis de especialistas en gestión de multitudes, cuestionaron abiertamente qué tan cerca estuvo el operativo real de lo que se había planeado sobre el papel. La distancia entre el protocolo escrito y lo que ocurrió esa noche en el asfalto es, todavía hoy, un asunto sin respuesta oficial completa. Cuatro nombres se sumaron esa madrugada a la lista de costos humanos que ningún marcador refleja.

Si algo caracterizó la postura gubernamental durante los cuarenta días que duró el Mundial en México, fue la distancia entre el discurso de "no vamos a reprimir" y la disposición real para escuchar. Sheinbaum garantizó públicamente, meses antes del torneo, que su gobierno mantendría "comunicación permanente con los grupos que convocan a las movilizaciones". En la práctica, el 11 de junio, esa misma comunicación se tradujo en un operativo de seguridad que impidió que la marcha de madres buscadoras avanzara hacia el Estadio Ciudad de México durante la inauguración. La presidenta lo justificó como una medida necesaria para "resguardar" el evento. No hubo, en cambio, un pronunciamiento de peso equivalente sobre las causas que originaron esas protestas: la crisis de desapariciones que en México se cuenta por decenas de miles. El contraste quedó documentado en el mismo escenario: mientras el país celebraba goles, quienes buscaban a sus familiares desaparecidos seguían, literalmente, del otro lado de una valla.

México se despidió del Mundial 2026 con una actuación que, futbolísticamente, dejó "más orgullo que reproches", como escribió la prensa deportiva tras la derrota ante Inglaterra. Pero un Mundial no se mide solo en el marcador final. Se mide también en quién pudo pagar el boleto, quién fue escuchado cuando protestó, y quién no volvió a casa la noche en que su país ganó un partido. Veintitrés días de salario mínimo por un boleto. Cuatro personas muertas en una celebración. Un gobierno que calificó la crítica como una traición a la alegría nacional. Estos no son datos aislados: son la otra mitad de la historia del Mundial 2026 en México, la que no cupo en el resumen deportivo ni en la conferencia matutina. El marcador ya se cerró. La cuenta completa, todavía no.

​FUENTES CONSULTADAS: Infobae (01 y 02 de julio 2026), Milenio, Expansión, N+, ESPN, ClaroSports, Aristegui Noticias, MiMorelia, Puebla Quadratín, CONASAMI, Reporte Índigo (2025), Sopitas (2026), Excélsior (2026), SinEmbargo (2026), FIFA 2026, Departamento de Justicia de EE.UU. (FIFA Gate, 2015).​

© 2035 El Partido de Fondo . Powered and secured by Wix

bottom of page